Si vemos a Haide Elicerio pareciera que su estrella ya venía definida para dedicarse al baloncesto. Pero el destino es una cosa curiosa: hay quienes creen que es un camino marcado para nuestra vida y otras personas opinan que se construye con cada una de nuestras decisiones. En realidad los factores se combinan. La ciencia misma señala que las características de una persona son determinadas por su información genética, esa que viene de nuestros padres, pero también recibe influencia del entorno y lo que se decide hacer con ambas cosas.

Basta escarbar un poco a la familia de la experimentada jugadora de Barreteras para pensar que no tuvo mucha opción de decidir: tenía que dedicarse al ‘basket’. Su mamá, la señora Carmen Leticia Dueñas Ramos, ha sido una apasionada basquetbolista de toda la vida; su tío Marco Antonio Dorado es un reconocido entrenador en Fresnillo; su hermano Roberto ‘Kalusha’ Elicerio tuvo una importante trayectoria en el baloncesto universitario y profesional; e incluso su hija ahora se destaca como una jugadora con un futuro brillante.

Pero las cosas nunca son tan simples, hubo momentos de frustración y cambios de rumbo que pudieron alejarla de las canchas. Afortunadamente, lejos de esto, los retos de la vida sólo sirvieron para avivar su pasión por el deporte ráfaga para mantenerla activa en la duela y llegar a ser una pieza clave para Barreteras.

Tras los pasos de mamá

Haide Ivonne Elicerio Dueñas desde sus primeros años tuvo un ejemplo de vida, y práctica deportiva, en su madre; quien hasta la fecha es su gran modelo a seguir. Oriunda de Fresnillo, municipio con gran tradición basquetbolera, no es sorprendente que la señora Carmen Dueñas fuera afecta al deporte de los balones y las canastas. Ivonne no sólo disfrutaba de ver jugar a mamá sino que la seguía cuando iba a correr, con su equipo, a ‘Los Jales’ en el cerro de Proaño. No se perdía los partidos y pronto estaba lista para empezar su propia trayectoria.

Las cosas se facilitaron porque su tío Marco Antonio ‘El Pelucas’ Dorado es uno de los entrenadores más reconocidos en Fresnillo. Desde pequeña, Haidé aprendió a botar y a tirar de la mano de su ‘Tío Pelucas’ (como le dice de cariño). Le encantaba entrenar y, además, pronto empezó a participar en torneos locales: en los gimnasios ‘Nacional’ y ‘Municipal’ de Fresnillo. Ahí empezó a destacar y abrir puertas para su desarrollo, mismas que la llevaron a un momento crucial para determinar qué tipo de jugadora sería.

Forjar carácter

Muchas personas en su lugar quizá habrían tirado la toalla. Si combinamos una situación de mucha frustración con una dura humillación, nada menos que durante un campeonato nacional, no se podría acusar a una niña de 11 años de abandonar la práctica del deporte. Pero Haidé no era así y tuvo la fortuna de contar con un soporte que la animó a seguir adelante.

Ivonne disputaba su primer campeonato nacional, en la Ciudad de México, y era dirigida por su ‘Tío Pelucas’. La mayoría de sus compañeras eran mayores que ella, pero aún así se sentía molesta porque entraba en los partidos con el segundo cuadro; cuando quería desenvolverse con ‘las buenas’. Su malestar llegó a un extremo que sacó de sus casillas al experimentado entrenador:

“Estábamos jugando contra Nuevo León y yo estaba muy frustrada. Sucedió que me corrió del gimnasio, frente a toda la gente y frente a todas mis compañeras. Me sacó así porque él decía que yo tenía una mala actitud, porque no quería jugar y no quería hacer nada. Nos salimos mi tía y yo; estuve llorando bastante. Le decía mi tía: por qué no me quiere juntar con las buenas. Me acuerdo que mi tía me habló muy fuerte: ‘tienes que demostrarle, límpiate esas lágrimas, vamos adentro y vas a demostrar quién eres.’ Ese primer nacional me marcó de por vida, agradezco que mi tío haya hecho eso por mí: formó mi carácter.”

Así, aunque regresaron del torneo con un segundo lugar nacional, lo más importante que se trajo de vuelta fue la determinación de trabajar a tope para ganarse las cosas y probar lo valiosa que podía ser como jugadora. De ahí le vinieron grandes resultados, cuando estaba en secundaria, con excelentes torneos en Oaxtepec, Morelos; en Chihuahua; así como la ‘cereza del pastel’, traerse un Primer Lugar Nacional de Olimpiadas Juveniles en Monterrey, N.L. Y precisamente en esa ciudad fue donde habría de seguir su camino.

Abrir las alas

Nunca debes olvidar de dónde vienes pero también debes tener presente a dónde quieres llegar. Haide decidió que quería seguir creciendo y se trasladó a la ‘Sultana del Norte’ para realizar sus estudios de preparatoria.

La oportunidad fue muy buena para su avance, como persona y jugadora, pero la colocó en una situación inesperada: tener que enfrentar a su estado de origen y a sus excompañeras de secundaria en los torneos nacionales de baloncesto. “El primer año que fui representando a Nuevo León, me reencuentro con todas mis compañeras con las cuales yo jugaba en Zacatecas. En ese momento si fue algo como que: Ajá, y qué estoy haciendo” nos dice Elicerio.

Afortunadamente para ella, la transición no fue complicada gracias a dos personas de gran influencia en su vida. Primero, su hermano Roberto Elicerio -exjugador de Barreteros, quien formaba parte del equipo de Gallos del Centro de Estudios Universitarios (CEU)- ayudó a facilitar la transición a la nueva ciudad. Con esta base, a diferencia de muchas jugadoras que migran, nunca le faltó nada en su nueva casa.

Además, contó con un apoyo de alguien que considera como un segundo padre: el entrenador Mario Moreno Escobedo (actual timonel de las Borregas del Tec de Monterrey campus Monterrey). Aunque la jugadora estudiaba en la Prepa América, asociada al CEU, entrenaba con el equipo del Tec; en el que el coach Moreno le ayudó mucho en su crecimiento. “Se portó muy bien conmigo. Hasta la fecha lo veo y representa una figura grandísima para mí, pues fue prácticamente mi papá en ese momento: siempre al pendiente de lo que necesitaba y estirándome las orejas cuando hizo falta.”

Luego, ya como ‘Pollita’ del CEU en la etapa universitaria, jugó un año maravilloso con torneos importantes en diferentes partes del país y ganando la clasificación a la Universiada Nacional. Su desempeño fue tan destacado que se ganó una convocatoria a una Preselección Nacional. Justo cuando el mundo del baloncesto le abría las puertas de par en par, su vida dio un nuevo giro para darle una de las más grandes bendiciones de su vida; sólo que en un ámbito completamente distinto.

Nueva fuente de inspiración

Anisa Darinka Jeffries Elicerio tiene 15 años pero ya mide 1.85 metros, le saca 7 cm de estatura a su mamá, y es un prospecto extraordinario para el baloncesto zacatecano. Estudia la prepa en Fresnillo, aunque pronto su talento la llevará a otras latitudes, y es todo un orgullo para su madre Ivonne. De hecho, esta basquetbolista de tercera generación, junto a su hermano de 13 años Pável Ernesto, son el motor que inspira y mueve a la jugadora de Barreteras para seguir dando de qué hablar dentro y fuera de la cancha.

Haide Elicerio volvió de Monterrey a Fresnillo para buscar la mejor crianza posible para Anisa. Tan sólo unos meses después del nacimiento de su hija, la jugadora ya estaba de vuelta en las canchas y pronto retomó el contacto con sus antigüas compañeras de Olimpiada para armar un cuadro que representó a Zacatecas en varios campeonatos nacionales de primera fuerza. Pero no dejó de lado sus estudios, con una beca de la Universidad Autónoma de Fresnillo, estudió Administración de Empresas.

En 2014, cuando apareció la primera liga femenil de baloncesto profesional en México, Ivonne participó en el ‘tryout’ de Rieleras de Aguascalientes; fue elegida para ser parte del equipo, pero resultó complicado mantener su participación y sólo estuvo en los primeros encuentros. Un año más tarde se consolidó: el equipo de Lobas, en la misma ciudad, la invitó a jugar con ellas y ahora sí pudo completar una gran temporada en la que obtuvieron el tercer lugar. Ahí tuvo la oportunidad de conocer a Alexis ‘Gringa’ Castro, así como coincidir con las zacatecanas Valeria Rivera y Mónica Cárdenas.

Tras esta gran experiencia, Haide decide dejar la liga profesional para dedicarse de lleno a sus hijos. Siguió jugando en Fresnillo y en torneos nacionales de primer fuerza, pero su prioridad era la familia: “Estaba en la idea de que ya había jugado lo que tenía que jugar; disfruté lo que tenía que disfrutar. Ahora pues me toca encaminar a mis hijos, que no cometan los mismos errores que he cometido o que se cometieron conmigo. Estar aquí y apoyar a mi hija porque era cuando ella empezaba a jugar, estuve como asistente en los equipos de Anisa.”

Regreso profesional

Con todo, Elicerio nunca dejó de ser sumamente activa. Además de su actividad como basquetbolista, empezó a practicar crossfit; lo cual le ayudó mucho, tanto que le permitió lograr cosas -a nivel de ejercicio-, que jamas pensó que podría hacer. El año pasado ocurrió un nuevo evento que dio un giro a su vida; en un reencuentro con el entrenador Mario Moreno, quien estuvo en Fresnillo dirigiendo a la Selección Nacional Universitaria en un juego de preparación, recibió un fuerte empujón para considerar volver al baloncesto porfesional: “Me dijo: ¿por qué no estás jugando profesional? Todavía tienes potencial para destacar. Si quieres y tú te lo propones, todavía la puedes hacer.”

La opinión del gran entrenador la hizo ponderar un retorno al más alto nivel de juego en México. Claro que el incentivo final vino de Anisa y Pável: sus hijos le dieron el último impulso para convencerla de volver. Ahora, de entrada, tiene la satisfacción inigualable de mostrarles que con trabajo y determinación pueden lograr todo lo que se propongan. Y, como ejemplo, les ofrece el excelente desempeño que su madre brinda cada que ingresa a la cancha con las Barreteras de Guadalupe.

Por si esto fuera poco, el destino definió que tenga como compañera a una joven fresnillense de gran talento y algunos aspectos en común. Stephany Chávez no sólo empezó su trayectoria como jugadora con el ‘Tío Pelucas’, sino que desde niña veía admirada el gran nivel de Haide en la cancha; tuvo en ella una inspiración para avanzar como basquetbolista. Ahora, después de que Chávez fuera campeona anotadora en la liga ABE, tienen la oportunidad de ser compañeras y Elicerio trata de apoyar con todo a la jovencita para concretar su potencial como una de las mejores jugadoras en México.

¿Qué más podría pedir Haide al porvenir después de toda su dedicación? Pues sólo llegar a jugar con Anisa… Y quién sabe, aunque parezca lejano, hay buenos genes, determinación y talento. Ya nos lo dirá el tiempo.

13 preguntas, para conocer a Haide Elicerio a través de sus cosas favoritas:

1. Color: Negro

2. Comida: Tacos al vapor

3. Postre: No me gusta lo dulce

4. Pasatiempo: Estar con mis hijos

5. Libro: Cien años de soledad

6. Música: Alejandro Fernández

7. Programa de TV: Documentales

8. Marca de teléfono: LG

9. Placer culposo: Tomar coca

10. Equipo NBA: Lakers

11. Ciudad: De las que conozco Mexicali, y me gustaría visitar Machu Pichu

12. Tenis: Nike

13. Modelo a seguir: Mis madre

Miguel García Guerrero

Prensa Barreteras